El ruidoso mundo submarino en el que hacemos vivir a las orcas

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Una de las amenazas a las que se enfrentan los océanos de hoy en día es la contaminación acústica submarina procedente de embarcaciones. El crecimiento del tráfico marítimo
comercial ha incrementado en casi diez veces la intensidad del ruido de baja frecuencia desde la década de 1960.

Dado que este ruido se produce en las frecuencias bajas usadas por ciertos cetáceos, existen cada vez más pruebas de que puede afectar a su capacidad de comunicarse, e indirectamente a su capacidad de sobrevivir. Pero ¿podría el ruido de los barcos abarcar también las frecuencias más altas usadas por las orcas y por tanto suponer una amenaza similar para ellas? Una investigación ha servido para averiguarlo.

Hay que tener en cuenta que las orcas estudiadas en esta investigación cazan a menudo presas emitiendo sonidos y escuchando sus ecos en las turbias aguas marítimas cercanas a Seattle, Estados Unidos, de manera que tiene sentido preguntarse si el ruido de la cercana ruta marítima interfiere con su técnica de “sónar” con la que obtienen comida.

La citada investigación la han realizado Scott Veirs, de la BRMSSS (Beam Reach Marine Science and Sustainability School) en Seattle, Washington; Val Veirs, de la facultad de física en el Colorado College, en Colorado Springs; y Jason D. Wood, de SMRU Consulting, en Friday Harbor, Washington.

Los científicos midieron el ruido submarino a medida que los barcos pasaban junto a su punto de estudio.

Dado que estas orcas, como algunos otros cetáceos, utilizan frecuencias medias y altas para comunicarse y encontrar a sus presas, en el estudio se hicieron mediciones en un amplio rango de frecuencias (de 10 a 40.000 Hz). Los resultados muestran que los barcos son responsables de unos elevados niveles de ruido de fondo no solo a frecuencias bajas, como se esperaba, sino también en las frecuencias medias y más altas (incluyendo los 20.000 Hz, donde oyen mejor las orcas). Esto significa que en entornos costeros donde estos mamíferos marinos viven a pocos kilómetros de las rutas marítimas, el ruido de los barcos tiene capacidad suficiente para interferir tanto con las comunicaciones entre orcas como con la ecolocalización (su técnica de “sónar” para detectar y atrapar presas).

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